domingo, 27 de marzo de 2011

Poema a Mandela



Desde la noche que sobre mí se cierne,

negra como su insondable abismo,

agradezco a los dioses si existen

por mi alma invicta.



Caído en las garras de la circunstancia

nadie me vio llorar ni pestañear.

Bajo los golpes del destino

mi cabeza ensangrentada sigue erguida.



Más allá de este lugar de lágrimas e ira

yacen los horrores de la sombra,

pero la amenaza de los años me encuentra,

y me encontrará sin miedo.



No importa cuán estrecho sea el camino,

cuán cargada de castigo la sentencia.

Soy el amo de mi destino;

soy el capitán de mi alma.




William Earnest Henley

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