sábado, 26 de marzo de 2011

VIVIR CONSCIENTEMENTE


COMPRENDER LAS DIFERENCIAS

La capacidad de contemplar la tierra como un todo
nos ayuda a comprender que las culturas son diversas
e interdependientes.… Para que se desarrolle una visión
universal —que incluya a todos los seres humanos—
es necesario que cada cultura respete no sólo la
diversidad dentro de su propia interpretación de la vida,
sino también las interpretaciones de otras culturas.
Jorge Waxemberg


La humanidad está constituida por culturas y pueblos diversos, cada uno de ellos con su propia
visión de la vida y con un modo particular de solucionar sus problemas y realizar sus posibilidades.
En todas las épocas ha habido una cultura predominante que trata de conquistar a otras culturas o de imponerse a otros pueblos. Pero este objetivo nunca se logra enteramente. Por grande que sea su dominio, la cultura dominante tiene que tolerar la existencia de concepciones de vida diferentes de la suya. Esto prueba que nunca ha habido una sola visión del mundo apropiada para todos, y también que las diferencias entre culturas reflejan las funciones que cada una desempeña en el conjunto de la humanidad.
Esto no es difícil de comprender en términos generales. Sin embargo, no nos resulta fácil
reconocer las características y limitaciones de la cultura a la que pertenecemos, ni descubrir la
función de nuestra propia cultura en relación con las otras.
Podemos ver la función que nosotros desempeñamos en nuestra propia cultura, especialmente
cuando nuestro trabajo consiste en algo concreto. Si nos hemos formado como bioquímicos, por
ejemplo, y realizamos ese trabajo en un laboratorio, no tenemos dudas acerca de nuestra función.
También nos resulta fácil reconocer que otras personas con otras tareas contribuyen de otra manera a la sociedad.
La oportunidad de elegir nos demuestra que hay más de una opción y que no todas las opciones
son apropiadas para cada uno de nosotros. Esto no nos hace pensar que las funciones que no
elegimos son malas o erróneas sino, por el contrario, nos muestra que la diversidad genera progreso y beneficios para todos. De este modo podemos elegir la función más adecuada para nosotros y nuestras capacidades y vivir en paz. Sabemos que otros dependen de la manera en que desempeñamos nuestras funciones particulares y que cada uno de nosotros también depende de ellos.
Vemos que todas nuestras funciones son interdependientes y que, para que todos nos
desempeñemos bien, cada uno debe realizar la propia. No podemos llegar a tiempo al trabajo si el
conductor del ómnibus no llega a tiempo al suyo. Todas nuestras funciones se entrelazan y todas son necesarias. Este ejemplo puede servir para comprender las funciones de las diferentes culturas.
Sin embargo, las funciones de los grandes grupos humanos —los pueblos y sus culturas— no son
tan fáciles de reconocer.
No siempre tenemos una perspectiva suficientemente amplia desde la cual observar los diversos
grupos humanos, sobre todo si son contemporáneos. El tiempo de una cultura es distinto del tiempo de un individuo. La influencia de una cultura, su importancia y sus consecuencias se miden en siglos y no en años. Es por eso que no nos resulta fácil comprender nuestra propia
cultura y su rol en el conjunto humano. Es aún menos fácil comprender una cultura distinta, con
costumbres y valores muy diferentes de los nuestros.
No elegimos nuestra cultura y nuestro pueblo del mismo modo que elegimos una profesión y un
lugar donde vivir. Nacemos y somos moldeados en ella. Tendemos a identificarnos tanto con ella que podemos experimentar lo que llamamos shock cultural al tomar contacto con costumbres, puntos de vista y valores que en principio pueden impactarnos no sólo como diferentes, sino como descabellados, ignorantes o equivocados. En el pasado era común que los conquistadores llevaran a su lugar de origen objetos o aun personas de otras culturas como curiosidades para exhibir. También era común que trataran de esclavizar o de convertir a otros pueblos a sus propias creencias y costumbres. La cultura conquistadora consideraba que las conquistadas eran ignorantes y parte de la tarea del conquistador era lograr que los pueblos sojuzgados cambiaran sus valores y costumbres por los de los vencedores. De este modo las otras culturas se“civilizarían”.
Hoy tenemos una visión más amplia. El estrecho contacto entre diversos pueblos del mundo y la
capacidad de contemplar la tierra como un todo nos ayuda a comprender que las culturas son
diversas e interdependientes. También nos damos cuenta de que si hoy existen diferentes visiones del mundo, es porque ninguna de ellas es integral. Para que se desarrolle una visión universal, que incluya a todos los seres humanos, es necesario que cada cultura respete no sólo la diversidad dentro de su propia interpretación de la vida, sino también las interpretaciones de otras culturas.
Así como hemos despertado a una conciencia ecológica respecto de la naturaleza, así también en
el plano cultural estamos desarrollando una conciencia de respeto e integración. Las especies
vegetales y animales forman una cadena en la que cada eslabón es único e irremplazable; de igual
modo, cada ser humano y cada pueblo con su cultura son indispensables. Estamos comenzando a
aplicar el mismo grado de tolerancia y comprensión que otorgamos a cada miembro de nuestra
propia cultura a otros pueblos y culturas.
¿Cómo podemos acelerar este proceso de armonización? Podemos comenzar por cultivar un
modo más amplio de mirar lo diferente. Sin duda cada pueblo, cada cultura, tiene su manera de
realizar sus posibilidades. Pero en lugar de usar estas diferencias para oponernos unos a otros, ¿por qué no reconocer que cada cultura contribuye con algo que enriquece a la totalidad? ¿Por qué no reconocer que es integrando las diferencias y no eliminándolas que podemos lograr una visión universal de nosotros mismos?
En lugar de evaluar poner a nuestra cultura como patrón de normalidad, podemos aprender a
evaluar a otras culturas y pueblos tratando de comprenderlos dentro de su realidad particular. De este modo, en vez de ver grupos dispares y antagónicos veremos a un solo cuerpo: el de la
humanidad en su conjunto.
Si desarrollamos respeto y aceptación por lo que parece diferente de nosotros, nos será más fácil
comprender la función de cada individuo, cada grupo, cada pueblo y cada cultura en el conjunto de la humanidad, y así desarrollar una visión más amplia acerca de nosotros mismos y de la realidad en que vivimos.

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